El puño de hierro tras la mano invisible

PUÑO

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¿Quiénes son los libertarios?

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El término libertario surgió en Francia a fines del Siglo XIX para referirse a los anarquistas cuando el término anarquismo fue proscrito. Desde ahí en general se ha usado para referirse a diversos tendencias del anarquismo de izquierda. Con el tiempo el término dio origen al socialismo libertario, un proyecto político anticapitalista, descentralista y antiautoritario.  Pero en Estados Unidos en los años 40 se empezó a usar el término libertario como sinónimo del liberal clásico. Desde ahí el término libertario a estado cercano al término conservador. Ya que en Estados Unidos su constitución señala la idea de gobierno limitado, muchos conservadores a juicio de varios anarquistas malinterpretaron el término libertario pues si libertarismo en general es la defensa de la libertad causas como la oposición al matrimonio gay, despenalización de las drogas y apoyo al imperialismo los pone en la esquina contraria al libertarismo. Sin embargo hubo un momento en 60s y 70s dónde el término libertario iba más allá de la izquierda y la derecha. El motivo de la oposición a la Guerra de Vietnam formó alianzas radicales entre los individualistas defensores del libre mercado con los colectivistas de la Nueva Izquierda, esa alianza había sido liderada por el economista anarcocapitalista Murray Rothbard quién en esa época combinaría el pensamiento económico de Mises o Hayek con el pensamiento político de Marx. Uno de sus discípulos de Rothbard fue el ensayista Karl Hess quién al igual que él venía de la derecha sin embargo fue el que mejor representó la fusión entre los liberales clásicos y la Nueva Izquierda. Su propuesta combinaba una postura el apoyo por el descentralismo que facciones tanto de derecha como izquierda combinaban con posturas izquierdistas como el anti-imperialismo, lucha de clases, sindicalismo y cooperativismo con una defensa del libre mercado que incluía los derechos de propiedad individual que oponía a los derechos de propiedad de las corporaciones que consideraba debían ser expropiadas pues las corporaciones se oponían al libre mercado pues recibían una serie de beneficios los ponía en una competencia con las pequeñas empresas. Hess también había tratado de juntar las diversas tradiciones del anarquismo fue bastante influenciado por el teórico eco-anarquista Murray Bookchin e incluso se opuso a Ayn Rand señalando que el solipsismo del egoísmo racional se oponía al libertarismo pues la libertad colectiva era fundamental para la conquista de la libertad. Hess considera que Emma Goldman acierta dando espacio tanto a libertad individual como colectiva pues una revolución necesita liberar a los individuos en orden de crear una sociedad libre. Después de los 7os a diferencia de Hess la mayoría de liberales clásicos parte a la derecha. En los 90s la campaña presidencial de Pat Buchanan combina anti-imperialismo y conservadurismo social en una ideología llamada paleoconservadurismo y los más laissez faire seguidores de Buchanan se llamarían paleolibertarios lo que fragmente a los libertarios de derecha en dos grupos los libertarios cosmopolitas que aunque defienden una economía relativamente libre defienden un liberalismo social con cierta fascinación con la tecnología se oponían radicalmente a Buchanan. Años después con Ron Paul un libertario conservador daría otra vez popularidad al libertarismo en Estados Unidos sin embargo muchos de sus seguidores luego de su derrota fueron yendo a la izquierda pasando de ser paleolibertarios a socialistas de libre mercado recogiendo la influencia de Hess y incluso del anarquismo más convencional. El término libertario también se utiliza para referirse a organizaciones como el FEL en Chile, el PKK en Turquía y EZLN en México. El caso del PKK y el EZLN son dos organizaciones de origen marxista mientras que el FEL tiene un origen anarquista aunque los tres coinciden en una propuesta anticapitalista, descentralista y antiautoritaria.

Artículo original de Camilo Gómez.

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Jello Biafra sobre el punk y la educación

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El ecologismo de los pobres

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A primera vista los ecologistas o conservacionistas son unos tipos un poco locos que luchan porque los ositos panda o las ballenas azules no desaparezcan. Por muy simpáticos que le parezcan a la gente común, ésta considera que hay cosas más importantes por las cuales preocuparse, por ejemplo, cómo conseguir el pan de cada día. Algunos no los toman como tan locos sino como vivos que con el cuento de velar por la supervivencia de algunas especies han formado “organizaciones no gubernamentales” para recibir jugosas cantidades de dólares del exterior (…) Pueden ser verdaderas hasta cierto punto esas opiniones, sin embargo en el Perú existen grandes masas populares que son ecologistas activas (por supuesto si a esa gente le digo “eres ecologista” pueden contestarme “ecologista será tu madre” o algo por el estilo). Veamos: No es acaso ecologista muy antiguo el pueblo de Bambamarca que más de una vez luchó valientemente contra la contaminación de sus aguas producida por una mina? No son acaso ecologistas los pueblos de Ilo y de otros valles que están siendo afectados por la Southern? No es ecologista el pueblo de Tambo Grande que en Piura se levanta como un solo puño y está dispuesto a morir para impedir la apertura de una mina en su pueblo, en su valle? También es ecologista la gente del Valle del Mantaro que ha visto morir las ovejitas, las chacras, el suelo, envenenados por los relaves de las minas y el humo de la fundición de La Oroya. Son completamente ecologistas las poblaciones que habitan la selva amazónica y que mueren defendiéndola contra sus depredadores. Es ecologista la población pobre de Lima que protesta por estar obligada a bañarse en las playas contaminadas.

Artículo original de Hugo Blanco publicado en La República el 6 de abril de 1991 .

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Anarquismo, Razón e Historia

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¿Puede cualquier estado tener un “derecho a existir”? La pregunta ha sido planteada nuevamente por el profesor Hans-Hermann Hoppe, en su libro “Democracia: El Dios Qué Falló“. Él la responde con un vehemente No.

Hoppe solamente es el más reciente pensador en la tradición del anarquismo filosófico. Su maestro, el fallecido Murray Rothbard, fue otro. Ambos deben sus ideas a un gran, pero poco conocido, americano del siglo diecinueve, Lysander Spooner.

La posición de Spooner era simple. Hay una ley moral, la cual en esencia todos aprendemos temprano en la infancia, incluso antes de que conozcamos nuestras tablas matemáticas. Es básicamente esta: No lastimes a otra gente. El principio es simple, aún si su aplicación pueda ser dificultosa ocasionalmente.

Spooner razonó que de éste se deduce que ningún estado debería existir. Nadie puede arrogarse el poder de cambiar la ley moral o un monopolio de la autoridad para hacerla valer. Mas el estado se arroga el derecho de hacer ambas cosas. Trata de cambiar la ley moral a través de la legislación, la cual se considera – falsamente – que añade algo al deber moral de sus súbditos, e insiste de que sólo él puede definir, proscribir y castigar la injusticia.

Las consecuencias de los derechos asumidos por el estado incluyen la guerra, la tiranía, la esclavitud y los impuestos. La comunidad estaría mejor sin el estado.

El mejor argumento a favor del anarquismo es el siglo veinte. Un académico, R.J. Rummel, calcula que los estados en ese siglo asesinaron aproximadamente a 177 millones de sus propios ciudadanos y esa cifra no toma ni siquiera en cuenta a guerras internacionales. Es inconcebible que criminales privados pudiesen matar a tantos. Sería interesante saber cuanta riqueza ha sido confiscada y desperdiciada por estados.

¿Pero podría la sociedad existir sin el estado? ¿Es un mal necesario de la existencia humana? ¿Puede incluso ser algo positivo?

Aristóteles dijo que el hombre es un animal político pero su concepción de la comunidad, o “polis”, era muy diferente de lo que es el estado moderno. El pensaba que la comunidad debería ser lo suficientemente pequeña como para que todos sus miembros pudiesen conocerse el uno al otro. ¿Suena como algún estado que conozcas?

San Agustin veía al estado, junto con la esclavitud, como una consecuencia del Pecado Original. Nunca podía ser una buena cosa pero era inevitable para el hombre pecaminoso. Mas nosotros podemos preguntar si eso es así realmente. En el tiempo de San Agustin, la esclavitud parecía ser un mal necesario de la vida social y un mundo sin esclavitud era difícil de imaginar. Nadie podía recordar, y pocos podían concebir, una economía sin esclavos.

¿Será posible que nosotros de igual manera hayamos asumido que el estado es inevitable, solamente porque estamos acostumbrados a él y difícilmente podemos imaginarnos un mundo sin él? Así como trabajos serviles, que alguna vez fueran realizados por los esclavos, son ahora repartidos diferentemente entre hombres libres, quizás, como los anarquistas argumentan, las funciones del estado podrían ser repartidas entre agencias voluntarias.

El filósofo del Renacimiento, Thomas Hobbes, pensaba que la anarquía – el “estado de la naturaleza” -, sería “una guerra de todos contra todos,” haciendo que la vida humana sea “solitaria, pobre, fea, tosca y corta”. Su solución fue el estado, el cual reprimiría los conflictos entre los hombres. El no anticipó que el estado mismo pudiese agravar los conflictos y hacer que el orden social sea mucho más miserable de lo que la anarquía jamás podría ser.

John Locke, casi contemporáneo de Hobbes, ofreció una alternativa más atractiva: el estado limitado, el cual tendría el poder de asegurar los derechos naturales del hombre pero que carecería del poder de violarlos. Mas tal estado nunca ha existido por un tiempo prolongado. Una vez que un monopolio del poder llega a existir, tiende a degenerarse hasta convertirse en una tiranía. Los anarquistas argumentan que esta decadencia es inevitable debido a que la tiranía es inherente a la naturaleza misma del estado.

Por extraño que parezca, el gran conservador, Edmund Burke, empezó su carrera con un panfleto anarquista, argumentando que el estado era destructivo de la sociedad humana, de la vida y de la libertad – por naturaleza e históricamente -. Más tarde, explicó que había querido que su argumento fuese una ironía pero muchos han dudado eso. Su argumento a favor de la anarquía fue demasiado poderoso, apasionado y convincente para ser una broma. Posteriormente, como político profesional, Burke parece haberse reconciliado con el estado, creyendo que por más sangrientos que hubiesen sido sus orígenes, podía ser amansado y civilizado, como en Europa, por “el espíritu de un caballero y el espíritu de la religión”. Pero incluso mientras él escribía eso, el viejo orden que amaba se estaba ya deshaciendo.

Cualquiera que sea la verdad, los anarquistas tienen mucha razón de su lado. Y mucha historia.

Artículo de Joseph Sobran publicado el 24 de enero del 2002.

Traducción del inglés por John Leo Keenan.

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Los libertarios y la contracultura de los 60s

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Hubo dos radicales, anti-autoritarios movimientos en los 60s que se desarrollaron de maneras muy diferentes sin embargo complementarias una a lo otra en formas que quedan todavía poco valoradas. Por un lado estaba el recientemente formado movimiento libertario liderado por personajes como Murray Rothbard y Leonard Read, ambos expertos en economía quienes pasaban mucho tiempo de su vida en las pizarras y teclados teorizando acerca de su ideal sociedad voluntarista de mercado. La otra comúnmente referida como el movimiento hippie, que más precisamente se refiere a la contracultura de los 60s en Estados Unidos. Era un movimiento conformado por política izquierdista y una relejada ética de vida. No era un movimiento primariamente de intelectuales pero de artistas o los que previamente fueron conocidos como beatniks.

Es mi intención mostrar que estas otras dos culturas, mientras evolucionan en muchas formas separadas, tienen mucho que ofrecer uno a otro y puede que hayan salido al mismo tiempo por mero accidente histórico. Ambos abrazan similares valores políticos, están opuestos a las mismas cosas, conversan con la misma gente y abogan por una sociedad similar. La diferencia es mucho más cultural y, en ese sentido, yo argumento ambas podrían beneficiarse grandemente de la otra. También intento señalar como la contracultura libertaria hoy día no solo es un posibilidad, sino un proceso que ya ocurre y en el que todos los libertarios lo deberían fomentar, si es que no participar en ellos.

Mucha de la izquierda y libertarianismo de los 60s se enfoca en la interacción de los rothbardianos y la Nueva Izquierda, específicamente académicos como Gabriel Kolko. Marxistas y libertarios de ese tiempo tenían en común una condena al corporatismo liberal y el complejo militar-industrial.

La Nueva Izquierda vio esa cima en la vida y obra de Karl Hess. Hess, un buen amigo de los comunistas y rothbardianos por igual, abogaba por pequeñas comunidades que irían a definir la contracultura como modo de vida en los 60s. Hess represento el otro lado de la izquierda que el de Kolko, un joven historiador profesional. Esta división vendría a definir la historia de la izquierda durante los 60s. El libertarismo por lo general no está tan dividido, pero yo creo que debería haber mucha interacción entre el estilo de vida y creencias de hippies y libertarios.

Rothbard podrá eventualmente citar la infestación de la contracultura en la mayoría del movimiento libertario como una razón de su paso a la estrategia paleoconservadora en los 80s y 90s. Desde ahí, hubo un renacimiento de la izquierda libertaria, pero no una conexión con los valores que influyeron en los radicales de los 60s. Libertarios tanto revolucionaron esas ideas y valores, así como pueden aprender mucho de ellas hoy día. Lo que sigue es la pequeña historia de algunas de las figuras principales envueltas en la izquierda antipolítica y su relación con el libertarismo.

Kerry Thornley es conocido principalmente por ser cofundador del discordianismo y una figura en los archivos de la conspiración del asesinato de Kennedy. Thornley fue también una creciente figura en la creciente contracultura de los 60s y de la partida de los beatniks en los 50s. El trajo un sentido de naturismo y “vuelta a la tierra” a la escena hippie en desarrollo. Thornley, junto con otros discordianos y aquellos influenciados por él,  eran también libertarios en su actitud. El mismo creo una temprana publicación izquierdista libertaria conocida como The Innovator. En el Thornley publicó radicales teorías acerca del  amor libre, colonización del mar y anarco-comunistas simpatías con modernos libertarios americanos.

Thornley es la imagen de lo no académico, libertario de estilo de vida de los 60s que se veía así. Él era idiosincrático, no comprometiendo su adoración por la naturaleza y el amor libre con su odio por el gobierno, especialmente el de Estados Unidos. Él tomaba drogas, tenía un sentido místico de la vida y abogaba una radical auto-liberación,  tanto interiormente como en su promoción de auto-suficiencia libertaria basada en la ética comunista.

Una similar, pero uno podría decir mejor compuesta figura contracultural de los 60s tanto para libertarios nerds y hippies fue Robert Anton Wilson. Él también tuvo mucho que ver en llevar el discordianismo de Thornley a las masas en su Trilogía Iluminati. Wilson estaba muy comprometido con ideas libertarias, dando respuesta a lo que él vio como un ultra moralista libertarianismo de los rothbardianos. Como Thornley, Wilson fue un temprano libertario de izquierda. Él mantuvo el egoísmo y mutualismo de Tucker vivo entre la comunidad libertaria subterránea.

Wilson fue también un fan de un particular componente que influyó mucho de la contracultura de los 60s, el LSD. Él fue tan lejos que dijo en una entrevista en los 70s:

“Rothbard es, como Marx y Proud, una brillante mente cerrada: excelente para la estimulación pero cualquiera queda atrapado en el trance del dogmatismo rothbardiano debería tomar LSD  y tratar de ver al mundo a través de otro cuadro.”

Mientras que la historia del LSD y la cultura libertaria es raramente explorada, yo pienso que debería, al mismo tiempo que gente como Wilson que defendía sus efectos liberadores. De acuerdo con un conferencista en la convención del Partido Libertario de Texas en 1981, hubo un libertario que proponía el uso de LSD para niños de primaria. Desafortunadamente, no pude descubrir la identidad de esta persona, pero tales pensamientos no eran raros dentro de la contracultura del libertarismo. Tanto uno concuerde o no con tan radicales sentimientos, ellos eran una parte del zeitgest libertario e inspirados por el doctor Timothy Leary, ellos eran la cara y voz del movimiento del LSD en los 60s y 70s.

El mismo Leary era un libertario, que en los tardíos 70s empezaría su activismo político por el Partido Libertario. Pero más importante que sus convicciones libertarias fueron las acciones que tomo y la filosofía que predico. Leary era un radical anti-autoritario quién se veía así mismo como una especie de guerrero por las mentes de las gentes. LSD, él pensó era la mejor manera de cambiar los túneles de realidad del individuo de uno vicioso a uno en línea con el libertarismo. El LSD era mucho más que una manera de pasar un buen tiempo para los hippies, era una forma de poner claras las perspectivas de la gente. Claro, los hippies enfatizaban la elección voluntaria. No hay una cosa tal como alguien quién es liberado sin consentimiento de sí mismo.

Los más distantes parientes del movimiento libertario eran los yippies. Los yippies constituían mucho de la izquierda radical anti-autoritaria. En larga cuenta, los yippies representaban una distinta ruptura con la Nueva Izquierda con la que Rothbard se había tratado de alinear al mismo tiempo. Los yippies estaban profundamente en oposición a la conformidad y en apoyo a de una total expresión individual. Como muchos voluntaristas modernos, los yippies también eran radicalmente antipolíticos. En 1968 durante la infame Convención Demócrata en Chicago, se juntaron los yippies liderados por Abbie Hoffman, para elegir un cerdo llamado Pegasus para ser el candidato del partido político Yippie. Los yippies tuvieron muchos enfrentamientos con la policía durante unas abiertamente hostiles protestas.

Estos no eran los pacifistas hippies de antaño. Estos eran hippies que se daban cuenta de que la paz y el amor no habían traído a las tropas a casa del descuartizamiento y de ser descuartizados en Vietnam. El mensaje de los yippies era tirar abajo el sistema completo, opuesto al gradualismo de muchos otros en la Nueva Izquierda. Su estrategia era muy abierta y pública. Era importante ser abiertamente confrontacional a los actos de opresión. De hecho, no fue siempre una buena movida publicitaria. Abbie Hoffman era una amada figura de la contracultura y de ningún otro lugar, pero obtenía atención y radicalizaba gente.

Otro famoso grupo, conocido por su humor callejero y celebración de la liberación personal eran los diggers. Los diggers promovían la libertad sexual y un mundo libre de la ética del trabajo, donde la gente podría juntarse para el juego y disfrute mutuo. Ellos animaban a ejecutivos en New York a abandonar su trabajo y unirse al abiertamente hedonista estilo de vida de los diggers.

Los 60s estuvieron lleno de grupos como esos, dedicados a antipolíticas formas de cambio cultural. Ellos no veían la necesidad de apuntar pistolas a la gente en orden de hacer circular la idea de que sus valores eran deseables. Ellos solo necesitaban actuar según sus propios valores en vista pública de la gente. La libertad era suficiente.

La ética general de los hippies era una inmediatista, pero una que fue en muchas formas más cínica que la gente le quiere dar crédito. Muchos libertarios no fueron tu típico fiestero paz y amor, al menos no siempre. Los hippies estuvieron buscando por libertad en el ahora, porque ellos ven ninguna posibilidad para nada más. Ellos estaban muy ocupados haciendo planes para el futuro. Ellos muchas veces no estaban muy preocupados por lo intelectual.

Hunter S. Thompson brinda eco de esos sentimientos en su artículo:

“La mayoría de hippies están demasiado drogados para sentir algún sentido de urgencia más allá del momento. Su eslogan es ‘ahora,’ y eso significa instantáneo. A diferencia de activistas políticos de cualquier tipo, los hippies no tienen una coherente visión del futuro que puede o puede que no exista. Los hippies sufren de una debilitante tipo de fatalismo, que es, de hecho, deplorable. Los críticos de la Nueva Izquierda son heroicos en su actitud, por encararlos. Pero que terrible posibilidad existe de que los críticos estén en lo cierto, que el futuro en sí mismo es deplorable y si es así porque no vivir el ahora. ¿Por qué no rechazar la fábrica entera de la sociedad americana, con todas sus obligaciones, y hacer la paz separada?”

Esto remarca la central diferencia entre la cultura libertaria y la contracultura de su tiempo. Si es mejor luchar por una sociedad libre o vivir mayormente libre ahora mismo. Por suerte otro pensador libertario de izquierda, Samuel Edward Konkin III (aka SEK3), delineo la idea de contra-economía, una estrategia de promover la economía del interés propio de aquellos envueltos en vez de la puritana noción de abandonar tus posiciones terrenales.

La idea de la paz separada, mientras pareciera nihilista para muchos moralistas libertarios queda como una seductora fuerza de acción agorista. La ética hippie de vivir en comunas es una iniciada por libertarios como Thornley quién vio eso no como un deber comunista sino una independiente propiedad ocupada, pero en términos de liberación de un estatista sistema. Los think thanks de colonización del mar de la era moderna trazan sus visionarios ideales devuelta a Thornley y los hippies.

Yo veo una similar división entre los libertarios hoy día. Están jóvenes profesionales de Estudiantes por la libertad y están los libertarios de estilo de vida que se mudan a New Hampshire para desnudos fumar marihuana en parques públicos. Yo pienso es poco controversial decir que los dos son necesarios y van a durar un tiempo, pero yo pienso que el beneficio de una radical contracultura libertaria está subestimada. Más que un movimiento político, los libertarios necesitan un movimiento cultural. Uno que enfatice la diferencia entre los actuales valores sociales y alternativos valores sociales.

Las verdaderas luminarias libertarias de hoy día existen en artistas como Doug Stanhope, quién está en guerra no solo con las normas políticas pero también con las creencias que definen el comportamiento social. Activistas del The Free State Project son abiertos al uso de drogas y muchos de ellos incluso deciden caminar desnudos. Mientras otros se visten y caracterizan a Robin Hood contra una mujer policía de tránsito. Como los yippies, ellos están en lo teatral de expandir su mensaje en vez de un envolvimiento serio. Activistas como Adam Kokesh hacen su carrera de ponerse la luz sobre ellos mismos. Muchos cuestionan los motivos de la gente. Ellos están difamando como gente desesperada por obtener atención. Demonios, podría ser cierto, pero eso lleva ojos a temas libertarios.

Mucho de la ética “vuelta a la tierra” de los hippies ha sido traducida en “metido hasta dentro en internet”, para los activistas libertarios del siglo XXI que comercian con cripto-monedas como bitcoin. Solo que como los hippies de los 60s, el mayor efecto de la contracultura libertaria había sido propagar el uso de psicodélicos. Bitcoin alimenta el mercado negro y la ideología agorista está siendo alimentado por su supuesto fundador Ross Ulbricht.

Agoristas, como los hippies, quieren libertad ahora y en sus propios términos. Ellos no aceptan que la libertad es imposible. Ellos la crean. Muchos ven esto como un detrimento del largo plazo, y la tragedia de muchas formas de contracultura de los 60s es que ellos no tienen repuesta a la queja del detrimento de largo plazo. El agorismo ofrece esa respuesta.

Artículo original de Ryan Calhoun publicado en el Center for a Stateless Society el 20 de diciembre del 2013. 

Traducción del inglés por Camilo Gómez.

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Los mercaderes del Che

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Claudio Uriarte sobre el periodismo

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Iluminista primero, el periodismo se volvió izquierdista a los ritmos de la historia del socialismo, el marxismo, la socialdemocracia y el revolucionarismo leninista. Anarquistas, contestatarios y socialistas primitivos tuvieron a la palabra escrita en el mismo lugar de trascendencia social que el iluminismo burgués; Marx y Engels, como lo prueban en El 18 Brumario de Luis Bonaparte o el Manifiesto Comunista, no desdeñaron formas periodísticas o semiperiodísticas; la socialdemocracia alemana era notable por su erudición, sus periódicos, sus bibliotecas y sus archivos; la teoría revolucionaria de Lenin proponía que el “organizador colectivo del Partido” fuera nada menos que un diario, aptamente llamado Iskra (La chispa) −el incendio revolucionario iluminaría la oscuridad rusa− y Trotsky relata en sus memorias con estremecimientos casi sensuales el placer que le causaba abrir el diario del día. El periodismo, de hecho, fue a menudo la ocupación “burguesa” del revolucionario profesional, tanto un vector de agitación como un medio de vida.

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Carl Oglesby sobre los rebeldes

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¿Qué es el libertarismo de izquierda?

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El libertarismo de izquierda ha generado mucho ruido últimamente en la comunidad libertaria estadounidense. El término “libertario de izquierda” se ha utilizado de muchas maneras en la política estadounidense, y parece que hay cierta confusión dentro de la propia comunidad libertaria acerca de quiénes son en realidad los libertarios de izquierda.

Las ideas básicas del libertarismo de izquierda, tal como las entendemos los que pertenecemos a la Alianza de la Izquierda Libertaria (ALL) y al Centro para una Sociedad sin Estado (C4SS), son más amplias de lo que postulan nuestras organizaciones por sí mismas. La década de los años 90 fueron una especie de era del motor de vapor para la idea general de un libertarismo con orientación de izquierda, y para el uso de las ideas de libre mercado como un arma contra los males del capitalismo corporativo; una serie de pensadores han desarrollado líneas paralelas de análisis de forma independiente el uno del otro, y se han convertido en una tendencia ideológica amplia y unida por vínculos relativamente flexibles. Pero teniendo en cuenta el papel desproporcionado que ALL y C4SS han jugado en la creciente importancia de esta tendencia, parece sensato explicar de dónde venimos y lo que entendemos que es el libertarismo de izquierda.

El uso más antiguo y más amplio del término “libertario de izquierda”, y que tal vez sea el más familiar para aquellos en el movimiento anarquista en general, se remonta a finales del siglo XIX e incluye a prácticamente toda la izquierda no-estatista, horizontalista o decentralista — básicamente a todo el mundo menos a los socialdemócratas y a los leninistas. Originalmente fue utilizado como sinónimo de “socialista libertario” o “anarquista”, y solía incluir a sindicalistas, comunistas consejistas, a los seguidores de Rosa Luxemburgo y Daniel DeLeon, etc. Muchos de nosotros en C4SS nos consideraríamos parte de esta comunidad libertaria de izuqierda más amplia, a pesar de que lo que queremos decir cuando decimos que somos “libertarios de izquierda” es más específico.

Para el público en general de hoy en día, puede que el “libertarismo de izquierda” evoque a una escuela de pensamiento representada durante los últimos veinte años por gente como Hillel Steiner y Peter Vallentyne, entre otros. La mayoría de los seguidores de esta filosofía, combinan la creencia en la soberanía personal y el principio de no agresión con ideas izquierdistas acerca de la limitada medida en que los individuos pueden desasociarse del comunal, y adquirir derechos ilimitados de disposición sobre él con simplemente combinar su trabajo con éste. Se solapa en gran medida con el Georgismo y el Geolibertarismo. Aunque esta versión del libertarismo de izquierda no abarca a lo que promovemos en ALL/C4SS, y algunos de nuestros miembros se opondrían a aspectos de la misma, es fácil imaginar a un adherente de esta filosofía que se sintiese como en casa entre nosotros.

Dentro de la comunidad libertaria anglosajona, y entre los que se describen como “liberales” en el resto del mundo, el término “libertario de izquierda” podría estar asociado con el intento de Murray Rothbard y Karl Hess de forjar una alianza con los anarquistas en la SDS alrededor de 1970, y con los movimientos como el agorismo de Sam Konkin que crecieron a partir del mismo. Aunque el rothbardismo de izquierda y el agorismo de Konkin no son la posición oficial de ALL/C4SS, sería justo decir que tenemos una cierta continuidad organizativa con el Movimiento de la Izquierda Libertaria de Konkin, y una parte significativa de nuestra membresía central más antigua viene de la tradición rothbardiana de izquierda y konkinista. Yo, por ejemplo, no vengo de ninguna de esas dos tendencias. Somos una coalición multi-tendencia que incluye rothbardianos de izquierda, anarquistas individualistas clásicos del siglo XIX, georgistas, y muchas otras tradiciones.

También hay una tendencia entre los libertarios estadounidenses a confundirnos con los “Libertarios idealistas” [Bleeding Heart Libertarians], que en realidad es el nombre de un blog específico. Aunque en ese blog hay unos cuantos artículos buenos y han publicado algunas de nuestras cosas, no somos libertarios idealistas como tales. Los libertarios idealistas son mucho más afines al fusionismo “liberaltario”, con desviaciones que van desde el “paternalismo libertario” de Cass Sunstein a la defensa de los talleres clandestinos y los asentamientos israelíes. Por no hablar de que la mayoría de ellos no son anarquistas y nosostros sí.

Así que ahora que hemos considerado todas las cosas que no somos en ALL/C4SS, y lo que no queremos decir con “libertarismo de izquierda”, ¿qué es lo que realmente representamos? Nosotros nos autodenominamos libertarios de izquierda, en primer lugar, porque queremos rescatar las raíces izquierdistas del libertarismo de libre mercado, y en segundo lugar, porque queremos demostrar la pertinencia y utilidad del pensamiento de libre mercado para abordar las preocupaciones actuales de la izquierda.

El liberalismo clásico y el movimiento socialista clásico de principios del siglo XIX tuvieron raíces comunes muy afines en la Ilustración. El liberalismo de Adam Smith, David Ricardo y otros economistas clásicos, era en gran medida un asalto izquierdista contra los arraigados privilegios económicos de la gran oligarquía terrateniente Whig y el mercantilismo de las clases adineradas.

A medida que los industriales en auge derrotaron a los terratenientes y mercantilistas Whig en el siglo XIX y ganaron una posición predominante en el Estado, el liberalismo clásico fue adquiriendo el carácter de una doctrina apologética en defensa de los intereses arraigados del capital industrial. A pesar de eso, las vetas de izquierda – incluso socialistas – del pensamiento de libre mercado sobrevivieron en los márgenes del liberalismo establecido.

Thomas Hodgskin, un liberal clásico que escribió desde 1820 hasta 1860, era también un socialista que veía la renta, las ganancias y los intereses como rendimientos monopólicos sustentados en privilegios y derechos de propiedad artificiales. Josiah Warren, Benjamin Tucker y otros individualistas estadounidenses también favorecieron una forma de socialismo de libre mercado en el que la libre competencia destruiría la renta, las gangncias e intereses y garantizaría que “el salario natural del trabajo en un mercado libre fuese su producto”. Muchos anarquistas individualistas asociados con el grupo Libertad de Tucker tenían estrechos vínculos con movimientos laborales radicales y grupos socialistas como los Caballeros del Trabajo, la Asociación Internacional de los Trabajadores y la Federación Occidental de Mineros.

Esta rama del libertarismo era también izquierdista desde un punto de vista cultural, estrechamente asociada con los movimientos por la abolición de la esclavitud, por la igualdad racial, el feminismo y la libertad sexual.

A medida que las guerras de clase del siglo XIX se desarrollaban, la retórica de “libre mercado” y de “libre empresa” en la política convencional estadounidense se asoció cada vez más con la defensa militante del capital corporativo frente a los desafíos radicales del movimiento populista laboral y granjero. Al mismo tiempo, la división interna dentro del movimiento anarquista entre los comunistas y los individualistas dejó a los últimos aislados y vulnerables a la colonización por parte de la derecha. En el siglo XX, “el libertarismo de libre mercado” llegó a estar estrechamente asociado con las defensas derechistas del capitalismo esgrimidas por Mises y Rand. La tradición individualista sobreviviente fue despojada de sus antiguas tradiciones culturales izquierdistas, pro-laborales y socialistas, y asumió un carácterde derecha cada vez más apologético.

Sin embargo, incluso entonces algunos remanentes de la tradición de izquierda más antigua sobrevivieron en el libertarismo estadounidense. En particular, georgistas y cuasi-georgistas como Bolton Hall, Albert Nock y Ralph Borsodi siguieron dando vueltas por ahí más allá de la mitad del siglo XX.

Los que pertenecemos a la Izquierda Libertaria consideramos absolutamente perverso que el libertarismo de libre mercado, una doctrina que tuvo sus orígenes como un ataque contra el privilegio económico de los terratenientes y comerciantes, haya sido cooptado en defensa del poder establecido de la plutocracia y las grandes empresas. El uso del “libre mercado” como una ideología legitimadora para el capitalismo corporativo triunfante, y el crecimiento de una comunidad de propagandistas “libertarios”, es una perversión de los principios del libre mercado tanto como la cooptación de los símbolos y la retórica del movimiento socialista histórico por parte de los regímenes estalinistas fue una perversión del movimiento de la clase obrera.

El sistema capitalista industrial que la corriente libertaria convencional ha estado defendiendo desde la mitad del siglo XIX nunca se ha aproximado en lo más mínimo a un régimen de libre mercado. El capitalismo, como sistema histórico que surgió en la época moderna, es en muchos sentidos una consecuencia directa del feudalismo bastardo de la Baja Edad Media. Se fundamentó en la disolución de los campos abiertos, el cercamiento de las tierras comunales y otras expropiaciones masivas de los campesinos. En Gran Bretaña la población rural no sólo fue transformada en un proletariado desposeído y coaccionado hacia el trabajo asalariado, sino que también se criminalizó su libertad de asociación y de circulación con la implementación de un Estado policial draconiano durante las dos primeras décadas del siglo XIX.

A nivel mundial, el capitalismo se expandió como sistema mundial a través de la ocupación colonial, la expropiación y la esclavización de gran parte del Sur global. Decenas y cientos de millones de campesinos fueron despojados de sus tierras por las potencias coloniales, obligándolos a entrar en el mercado de trabajo asalariado, y sus antiguas tenencias fueron consolidadas para la agricultura de cultivos comerciales en una especie de reedición mundial de los Cercamientos de Gran Bretaña. Tanto en tiempos coloniales como post-coloniales, las tierras y los recursos naturales del Tercer Mundo fueron cercados, robados y saqueados por los intereses comerciales occidentales. La actual concentración de la tierra del Tercer Mundo en manos de las élites terratenientes que producen en connivencia con los intereses de la agroindustria occidental, y de los recursos de petróleo y minerales en las manos de las corporaciones occidentales, es una herencia directa de cuatrocientos años de robo colonial y neo-colonial.

Los que nos identificamos con la Izquierda Libertaria tal como la entendemos en C4SS queremos arrancar los principios del libre mercado de las manos de los asalariados de las grandes empresas y la plutocracia y volver a usarlos en función de su propósito original: de un asalto total contra los intereses económicos atrincherados y las clases privilegiadas de nuestro tiempo. Si el liberalismo clásico de Smith y Ricardo fue un ataque contra el poder de los oligarcas terratenientes partidarios del Whig y los intereses adinerados, nuestro libertarismo de izquierda es un ataque a lo que más se parece a eso en nuestro tiempo: el capital financiero global y las corporaciones transnacionales. Repudiamos el papel del libertarismo dominante en la defensa del capitalismo corporativo en el siglo XX y su alianza con el conservadurismo.

En la Izquierda Libertaria queremos demostrar la pertinencia de los principios de libre mercado, de libre asociación y de cooperación voluntaria para abordar las preocupaciones de la izquierda de hoy en día: la injusticia económica, la concentración y la polarización de la riqueza, la explotación del trabajo, la contaminación y los residuos, el poder empresarial, y las formas estructurales de opresión como el racismo, el sexismo, la homofobia y la transfobia.

Dondequiera que se haya perpetrado el robo o la injusticia, tomamos una firme postura a favor de la plena rectificación. Dondequiera que persista la propiedad de la tierra por parte de élites neo-feudales, debe ser tratada como propiedad legítima de aquellos cuyos antepasados la ​​han trabajado y utilizado. Los campesinos expulsados ​​de la tierra para levantar cultivos comerciales para Cargill y ADM deben ser reestablecidos como legítimos propietarios. Las haciendas en América Latina deberían abrirse para que los campesinos sin tierra puedan ocuparlas productivamente. Los títulos de propiedad de la tierra vacante y no mejorada en los Estados Unidos y otras sociedades de colonos que se ha cercado y dejado fuera de uso por propietarios ausentes, deberían ser anulados. En los casos donde la tierra originalmente reclamada en virtud de un título tan ilegítimo esté siendo efectivamente trabajada o habitada por inquilinos o pagadores de hipoteca, la titularidad completa debe ser inmediatamente transferida a ellos. Los títulos de propiedad corporativa de las minas, los bosques y los campos petrolíferos obtenidos mediante robo colonial deberían ser anulados.

La lista mínima de las exigencias del libertarismo de izquierda debe incluir la abolición de todos los derechos de propiedad artificial, la escasez artificial, los monopolios, las barreras de entrada, los carteles reglamentarios y las subvenciones, gracias a los cuales prácticamente la totalidad de las empresas del Fortune 500 generan la mayor parte de sus ganancias. Debe incluir la terminación de todo título de propiedad sobre terrenos baldíos y sin mejoras, todos los monopolios de “propiedad intelectual”, y todas las restricciones a la libre competencia en el tema del dinero y del crédito o a la libre adopción de cualquiera y todos los medios de intercambio elegidos por las partes de una transacción. Por ejemplo, la abolición de las patentes y las marcas comerciales significaría el fin de todas las barreras legales que impiden a los contratistas de Nike en Asia producir inmediatamente imitaciones idénticas de las zapatillas y comercializarlas a la población local a una pequeña fracción del precio sin el recargo que implica el “Swoosh”. Significaría el fin inmediato de todas las restricciones a la producción y venta de versiones competitivas de los medicamentos bajo patente, a menudo por tan poco como el 5% del precio. Queremos que la porción del precio de todos los bienes y servicios conformada por las rentas incorporadas sobre la “propiedad” de ideas o técnicas —a menudo la mayor parte de su precio— desaparezca ante la competencia inmediata.

Nuestro programa debe incluir, además, el fin de todas las barreras artificiales a la actividad por cuenta propia, a la empresa casera, a la vivienda vernácula o autoconstruida y a otros medios de subsistencia de bajo costo — esto incluye las leyes de habilitación y zonificación o códigos de seguridad. Y debe incluir terminar con todas las restricciones legales sobre el derecho de los trabajadores a organizarse y para negarse a prestar sus servicios bajo cualquier circunstancia o a participar en boicots, y el fin de todos los privilegios legales que dan a los establecimientos sindicales certificados el derecho a restringir las huelgas salvajes y otros tipos de acción directa por parte de sus trabajadores de base.

En el caso de la contaminación y el agotamiento de los recursos, la agenda de la izquierda libertaria debe exigir el fin de todo tipo de acceso privilegiado a la tierra por parte de las industrias extractivas (es decir, la colusión de la Oficina de Administración de Tierras de EE.UU. con las compañías petroleras, mineras, madereras y ganaderas), de todos los subsidios a la energía y el consumo de transporte (incluyendo el fin de los subsidios a aeropuertos y autopistas y el uso del dominio eminente para esos fines), el fin de la utilización del dominio eminente para oleoductos y gasoductos, la eliminación de todas las limitaciones regulatorias de la responsabilidad corporativa por derrames de petróleo y otros tipos de contaminación, el fin de la doctrina por la cual las normas mínimas regulatorias impiden normas preexistentes de responsabilidad más estrictas derivadas del derecho consuetudinario, y la restauración completa de la responsabilidad ilimitada (tal como existía en el marco del derecho consuetudinario de agravios original) para actividades contaminantes como el fracking y la remoción de la cima de las montañas. Y debe abolir, obviamente, el rol del Estado guerrerista de EE.UU. en asegurar el acceso estratégico a las cuencas petroleras extranjeras o mantener las rutas marítimas abiertas para los barcos petroleros.

El capitalismo corporativo y la opresión de clase deben su existencia a la intervención del Estado a favor de los privilegiados y poderosos. Los mercados genuinamente libres, la cooperación voluntaria y la libre asociación actuará como dinamita en los cimientos de este sistema de opresión.

Cualquier agenda de izquierda libertaria digna de ese nombre debe incluir también una preocupación por la justicia social y la lucha contra la opresión estructural. Eso significa, obviamente, el fin de toda discriminación impuesta por el Estado en cuanto a raza, género u orientación sexual. Pero significa mucho más que eso.

Es cierto que como libertarios nos oponemos a todas las restricciones legales a la libertad de asociación, incluyendo las leyes contra la discriminación por parte de las empresas privadas. Pero debemos apoyar con entusiasmo la acción directa para combatir la injusticia en el ámbito social. E históricamente, las leyes estatales contra la discriminación solo han servido para codificar, de mala gana y después del hecho, las triunfos obtenidos sobre el terreno a través de la acción directa, como los boicots de autobuses, las sentadas en los despachos de almuerzo y los disturbios de Stonewall. Debemos apoyar el uso de la acción directa, la presión social, los boicots y la solidaridad social para combatir las formas estructurales de opresión como el racismo y la cultura de la violación, y desafiar las normas interiorizadas que perpetúan estos sistemas de coerción.

Al abordar todas las formas de injusticia, debemos adoptar un enfoque interseccional. Eso incluye el repudio a las prácticas de la vieja izquierda de desestimar las preocupaciones de raza y género como “divisivas” o postergables “hasta más tarde” en interés de la unidad de clase. También incluye un repudio de los movimientos de justicia racial y de género dominados por profesionales de clase media alta que solo se preocupan por ver “caras negras o femeninas en las altas esferas del poder”, y “gabinetes/juntas directivas que se parezcan al resto de Estados Unidos”, dejando el poder de esas altas esferas, gabinetes y juntas directivas intacto. El asalto a una forma de privilegio arraigada no debe ser razón para llegar a una solución de compromiso en otras luchas; más bien, todas las luchas son complementarios y se refuerzan mutuamente.

Preocuparnos especialmente por las necesidades interseccionales de los compañeros menos favorecidos en cada movimiento de justicia —mujeres y personas de color en la clase obrera; mujeres pobres y trabajadoras, mujeres de color, mujeres transexuales y trabajadoras sexuales dentro del feminismo; las mujeres, los pobres y los trabajadores en el movimiento por la justicia racial; etc.— no divide estos movimientos. De hecho los fortalece ante los intentos de la clase dominante para dividir y conquistar mediante la explotación de las líneas de fractura interna como fuente de debilidad. Por ejemplo, los grandes terratenientes derrotaron a los sindicatos de granjeros arrendatarios en el sur estadounidense durante la década de 1930 mediante el fomento y la explotación de la discordia racial, logrando que el movimiento se dividiese en sindicatos blancos y negros separados. Cualquier movimiento de clase, justicia racial o sexual que no tenga en cuenta la combinación de múltiples formas de opresión entre sus propios miembros, en lugar de prestar especial atención a las necesidades especiales de los menos privilegiados, queda abierto al mismo tipo de manipulación. En última instancia, este tipo de atención a los problemas interseccionales debe incluir un enfoque de espacios seguros que cree un ambiente receptivo de verdadero debate para todos, sin el efecto amedrentador causado por el acoso deliberado y las difamaciones.

Los libertarios —a menudo por nuestra propia culpa— han sido descartados por muchos como “republicanos que fuman marihuana” que adhieren a una ideología insular principalmente de hombres blancos de clase media que trabajan en startups de Silicon Valley. En demasiadas publicaciones y comunidades en línea libertarias convencionales, la tendencia reflexiva es defender a los grandes negocios contra los ataques de los trabajadores y los consumidores, a los arrendadores contra los arrendatarios, y a Walmart contra la gente común, rechazando a cualquiera que sea crítico en este sentido como enemigo del libre mercado y tratando a las corporaciones como si fuesen portavoces de los principios del libre mercado. Esta tendencia es paralela a otra similar a descartar cualquier preocupación por la justicia racial y sexual como “colectivista”. El resultado es un movimiento que la gente pobre y trabajadora, las mujeres y las personas de color ven como totalmente irrelevantes a sus preocupaciones. Mientras tanto, los varones blancos de 20 y pico de años que trabajan en las industrias de alta tecnología explican la falta de mujeres y minorías en función de su “colectivismo natural”, y con aire taciturno citan mutuamente “El trabajo de Isaías” de Nock.

Los que estamos en la Izquierda Libertaria no queremos ser relegados a las catacumbas, o ser el equivalente moderno de los jacobitas sentados en los cafés recordando a Bonnie Prince Charlie y el ’15. No queremos rezongar sobre cómo la sociedad se va al garete mientras que la mayoría de la gente que lucha para cambiar las cosas para mejor nos ignora. Queremos que nuestras ideas estén en el centro de las luchas por la justicia y una vida mejor en todo el mundo. Y sólo podemos hacer esto abordando las preocupaciones reales de la gente real, repetándolas como se merecen, y mostrándoles cómo nuestras ideas son relevantes. Y eso es lo que pretendemos hacer.

Artículo original publicado por Kevin Carson en el Center for a Stateless Society el 15 de junio de 2014.

Traducido del inglés por Alan Furth.

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