El puño de hierro tras la mano invisible

PUÑO

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¿Quiénes son los libertarios?

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El término libertario surgió en Francia a fines del Siglo XIX para referirse a los anarquistas cuando el término anarquismo fue proscrito. Desde ahí en general se ha usado para referirse a diversos tendencias del anarquismo de izquierda. Con el tiempo el término dio origen al socialismo libertario, un proyecto político anticapitalista, descentralista y antiautoritario.  Pero en Estados Unidos en los años 40 se empezó a usar el término libertario como sinónimo del liberal clásico. Desde ahí el término libertario a estado cercano al término conservador. Ya que en Estados Unidos su constitución señala la idea de gobierno limitado, muchos conservadores a juicio de varios anarquistas malinterpretaron el término libertario pues si libertarismo en general es la defensa de la libertad causas como la oposición al matrimonio gay, despenalización de las drogas y apoyo al imperialismo los pone en la esquina contraria al libertarismo. Sin embargo hubo un momento en 60s y 70s dónde el término libertario iba más allá de la izquierda y la derecha. El motivo de la oposición a la Guerra de Vietnam formó alianzas radicales entre los individualistas defensores del libre mercado con los colectivistas de la Nueva Izquierda, esa alianza había sido liderada por el economista anarcocapitalista Murray Rothbard quién en esa época combinaría el pensamiento económico de Mises o Hayek con el pensamiento político de Marx. Uno de sus discípulos de Rothbard fue el ensayista Karl Hess quién al igual que él venía de la derecha sin embargo fue el que mejor representó la fusión entre los liberales clásicos y la Nueva Izquierda. Su propuesta combinaba una postura el apoyo por el descentralismo que facciones tanto de derecha como izquierda combinaban con posturas izquierdistas como el anti-imperialismo, lucha de clases, sindicalismo y cooperativismo con una defensa del libre mercado que incluía los derechos de propiedad individual que oponía a los derechos de propiedad de las corporaciones que consideraba debían ser expropiadas pues las corporaciones se oponían al libre mercado pues recibían una serie de beneficios los ponía en una competencia con las pequeñas empresas. Hess también había tratado de juntar las diversas tradiciones del anarquismo fue bastante influenciado por el teórico eco-anarquista Murray Bookchin e incluso se opuso a Ayn Rand señalando que el solipsismo del egoísmo racional se oponía al libertarismo pues la libertad colectiva era fundamental para la conquista de la libertad. Hess considera que Emma Goldman acierta dando espacio tanto a libertad individual como colectiva pues una revolución necesita liberar a los individuos en orden de crear una sociedad libre. Después de los 7os a diferencia de Hess la mayoría de liberales clásicos parte a la derecha. En los 90s la campaña presidencial de Pat Buchanan combina anti-imperialismo y conservadurismo social en una ideología llamada paleoconservadurismo y los más laissez faire seguidores de Buchanan se llamarían paleolibertarios lo que fragmente a los libertarios de derecha en dos grupos los libertarios cosmopolitas que aunque defienden una economía relativamente libre defienden un liberalismo social con cierta fascinación con la tecnología se oponían radicalmente a Buchanan. Años después con Ron Paul un libertario conservador daría otra vez popularidad al libertarismo en Estados Unidos sin embargo muchos de sus seguidores luego de su derrota fueron yendo a la izquierda pasando de ser paleolibertarios a socialistas de libre mercado recogiendo la influencia de Hess y incluso del anarquismo más convencional. El término libertario también se utiliza para referirse a organizaciones como el FEL en Chile, el PKK en Turquía y EZLN en México. El caso del PKK y el EZLN son dos organizaciones de origen marxista mientras que el FEL tiene un origen anarquista aunque los tres coinciden en una propuesta anticapitalista, descentralista y antiautoritaria.

Artículo original de Camilo Gómez.

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Jello Biafra sobre el punk y la educación

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El ecologismo de los pobres

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A primera vista los ecologistas o conservacionistas son unos tipos un poco locos que luchan porque los ositos panda o las ballenas azules no desaparezcan. Por muy simpáticos que le parezcan a la gente común, ésta considera que hay cosas más importantes por las cuales preocuparse, por ejemplo, cómo conseguir el pan de cada día. Algunos no los toman como tan locos sino como vivos que con el cuento de velar por la supervivencia de algunas especies han formado “organizaciones no gubernamentales” para recibir jugosas cantidades de dólares del exterior (…) Pueden ser verdaderas hasta cierto punto esas opiniones, sin embargo en el Perú existen grandes masas populares que son ecologistas activas (por supuesto si a esa gente le digo “eres ecologista” pueden contestarme “ecologista será tu madre” o algo por el estilo). Veamos: No es acaso ecologista muy antiguo el pueblo de Bambamarca que más de una vez luchó valientemente contra la contaminación de sus aguas producida por una mina? No son acaso ecologistas los pueblos de Ilo y de otros valles que están siendo afectados por la Southern? No es ecologista el pueblo de Tambo Grande que en Piura se levanta como un solo puño y está dispuesto a morir para impedir la apertura de una mina en su pueblo, en su valle? También es ecologista la gente del Valle del Mantaro que ha visto morir las ovejitas, las chacras, el suelo, envenenados por los relaves de las minas y el humo de la fundición de La Oroya. Son completamente ecologistas las poblaciones que habitan la selva amazónica y que mueren defendiéndola contra sus depredadores. Es ecologista la población pobre de Lima que protesta por estar obligada a bañarse en las playas contaminadas.

Artículo original de Hugo Blanco publicado en La República el 6 de abril de 1991 .

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Anarquismo, Razón e Historia

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¿Puede cualquier estado tener un “derecho a existir”? La pregunta ha sido planteada nuevamente por el profesor Hans-Hermann Hoppe, en su libro “Democracia: El Dios Qué Falló“. Él la responde con un vehemente No.

Hoppe solamente es el más reciente pensador en la tradición del anarquismo filosófico. Su maestro, el fallecido Murray Rothbard, fue otro. Ambos deben sus ideas a un gran, pero poco conocido, americano del siglo diecinueve, Lysander Spooner.

La posición de Spooner era simple. Hay una ley moral, la cual en esencia todos aprendemos temprano en la infancia, incluso antes de que conozcamos nuestras tablas matemáticas. Es básicamente esta: No lastimes a otra gente. El principio es simple, aún si su aplicación pueda ser dificultosa ocasionalmente.

Spooner razonó que de éste se deduce que ningún estado debería existir. Nadie puede arrogarse el poder de cambiar la ley moral o un monopolio de la autoridad para hacerla valer. Mas el estado se arroga el derecho de hacer ambas cosas. Trata de cambiar la ley moral a través de la legislación, la cual se considera – falsamente – que añade algo al deber moral de sus súbditos, e insiste de que sólo él puede definir, proscribir y castigar la injusticia.

Las consecuencias de los derechos asumidos por el estado incluyen la guerra, la tiranía, la esclavitud y los impuestos. La comunidad estaría mejor sin el estado.

El mejor argumento a favor del anarquismo es el siglo veinte. Un académico, R.J. Rummel, calcula que los estados en ese siglo asesinaron aproximadamente a 177 millones de sus propios ciudadanos y esa cifra no toma ni siquiera en cuenta a guerras internacionales. Es inconcebible que criminales privados pudiesen matar a tantos. Sería interesante saber cuanta riqueza ha sido confiscada y desperdiciada por estados.

¿Pero podría la sociedad existir sin el estado? ¿Es un mal necesario de la existencia humana? ¿Puede incluso ser algo positivo?

Aristóteles dijo que el hombre es un animal político pero su concepción de la comunidad, o “polis”, era muy diferente de lo que es el estado moderno. El pensaba que la comunidad debería ser lo suficientemente pequeña como para que todos sus miembros pudiesen conocerse el uno al otro. ¿Suena como algún estado que conozcas?

San Agustin veía al estado, junto con la esclavitud, como una consecuencia del Pecado Original. Nunca podía ser una buena cosa pero era inevitable para el hombre pecaminoso. Mas nosotros podemos preguntar si eso es así realmente. En el tiempo de San Agustin, la esclavitud parecía ser un mal necesario de la vida social y un mundo sin esclavitud era difícil de imaginar. Nadie podía recordar, y pocos podían concebir, una economía sin esclavos.

¿Será posible que nosotros de igual manera hayamos asumido que el estado es inevitable, solamente porque estamos acostumbrados a él y difícilmente podemos imaginarnos un mundo sin él? Así como trabajos serviles, que alguna vez fueran realizados por los esclavos, son ahora repartidos diferentemente entre hombres libres, quizás, como los anarquistas argumentan, las funciones del estado podrían ser repartidas entre agencias voluntarias.

El filósofo del Renacimiento, Thomas Hobbes, pensaba que la anarquía – el “estado de la naturaleza” -, sería “una guerra de todos contra todos,” haciendo que la vida humana sea “solitaria, pobre, fea, tosca y corta”. Su solución fue el estado, el cual reprimiría los conflictos entre los hombres. El no anticipó que el estado mismo pudiese agravar los conflictos y hacer que el orden social sea mucho más miserable de lo que la anarquía jamás podría ser.

John Locke, casi contemporáneo de Hobbes, ofreció una alternativa más atractiva: el estado limitado, el cual tendría el poder de asegurar los derechos naturales del hombre pero que carecería del poder de violarlos. Mas tal estado nunca ha existido por un tiempo prolongado. Una vez que un monopolio del poder llega a existir, tiende a degenerarse hasta convertirse en una tiranía. Los anarquistas argumentan que esta decadencia es inevitable debido a que la tiranía es inherente a la naturaleza misma del estado.

Por extraño que parezca, el gran conservador, Edmund Burke, empezó su carrera con un panfleto anarquista, argumentando que el estado era destructivo de la sociedad humana, de la vida y de la libertad – por naturaleza e históricamente -. Más tarde, explicó que había querido que su argumento fuese una ironía pero muchos han dudado eso. Su argumento a favor de la anarquía fue demasiado poderoso, apasionado y convincente para ser una broma. Posteriormente, como político profesional, Burke parece haberse reconciliado con el estado, creyendo que por más sangrientos que hubiesen sido sus orígenes, podía ser amansado y civilizado, como en Europa, por “el espíritu de un caballero y el espíritu de la religión”. Pero incluso mientras él escribía eso, el viejo orden que amaba se estaba ya deshaciendo.

Cualquiera que sea la verdad, los anarquistas tienen mucha razón de su lado. Y mucha historia.

Artículo de Joseph Sobran publicado el 24 de enero del 2002.

Traducción del inglés por John Leo Keenan.

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Los libertarios y la contracultura de los 60s

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Hubo dos radicales, anti-autoritarios movimientos en los 60s que se desarrollaron de maneras muy diferentes sin embargo complementarias una a lo otra en formas que quedan todavía poco valoradas. Por un lado estaba el recientemente formado movimiento libertario liderado por personajes como Murray Rothbard y Leonard Read, ambos expertos en economía quienes pasaban mucho tiempo de su vida en las pizarras y teclados teorizando acerca de su ideal sociedad voluntarista de mercado. La otra comúnmente referida como el movimiento hippie, que más precisamente se refiere a la contracultura de los 60s en Estados Unidos. Era un movimiento conformado por política izquierdista y una relejada ética de vida. No era un movimiento primariamente de intelectuales pero de artistas o los que previamente fueron conocidos como beatniks.

Es mi intención mostrar que estas otras dos culturas, mientras evolucionan en muchas formas separadas, tienen mucho que ofrecer uno a otro y puede que hayan salido al mismo tiempo por mero accidente histórico. Ambos abrazan similares valores políticos, están opuestos a las mismas cosas, conversan con la misma gente y abogan por una sociedad similar. La diferencia es mucho más cultural y, en ese sentido, yo argumento ambas podrían beneficiarse grandemente de la otra. También intento señalar como la contracultura libertaria hoy día no solo es un posibilidad, sino un proceso que ya ocurre y en el que todos los libertarios lo deberían fomentar, si es que no participar en ellos.

Mucha de la izquierda y libertarianismo de los 60s se enfoca en la interacción de los rothbardianos y la Nueva Izquierda, específicamente académicos como Gabriel Kolko. Marxistas y libertarios de ese tiempo tenían en común una condena al corporatismo liberal y el complejo militar-industrial.

La Nueva Izquierda vio esa cima en la vida y obra de Karl Hess. Hess, un buen amigo de los comunistas y rothbardianos por igual, abogaba por pequeñas comunidades que irían a definir la contracultura como modo de vida en los 60s. Hess represento el otro lado de la izquierda que el de Kolko, un joven historiador profesional. Esta división vendría a definir la historia de la izquierda durante los 60s. El libertarismo por lo general no está tan dividido, pero yo creo que debería haber mucha interacción entre el estilo de vida y creencias de hippies y libertarios.

Rothbard podrá eventualmente citar la infestación de la contracultura en la mayoría del movimiento libertario como una razón de su paso a la estrategia paleoconservadora en los 80s y 90s. Desde ahí, hubo un renacimiento de la izquierda libertaria, pero no una conexión con los valores que influyeron en los radicales de los 60s. Libertarios tanto revolucionaron esas ideas y valores, así como pueden aprender mucho de ellas hoy día. Lo que sigue es la pequeña historia de algunas de las figuras principales envueltas en la izquierda antipolítica y su relación con el libertarismo.

Kerry Thornley es conocido principalmente por ser cofundador del discordianismo y una figura en los archivos de la conspiración del asesinato de Kennedy. Thornley fue también una creciente figura en la creciente contracultura de los 60s y de la partida de los beatniks en los 50s. El trajo un sentido de naturismo y “vuelta a la tierra” a la escena hippie en desarrollo. Thornley, junto con otros discordianos y aquellos influenciados por él,  eran también libertarios en su actitud. El mismo creo una temprana publicación izquierdista libertaria conocida como The Innovator. En el Thornley publicó radicales teorías acerca del  amor libre, colonización del mar y anarco-comunistas simpatías con modernos libertarios americanos.

Thornley es la imagen de lo no académico, libertario de estilo de vida de los 60s que se veía así. Él era idiosincrático, no comprometiendo su adoración por la naturaleza y el amor libre con su odio por el gobierno, especialmente el de Estados Unidos. Él tomaba drogas, tenía un sentido místico de la vida y abogaba una radical auto-liberación,  tanto interiormente como en su promoción de auto-suficiencia libertaria basada en la ética comunista.

Una similar, pero uno podría decir mejor compuesta figura contracultural de los 60s tanto para libertarios nerds y hippies fue Robert Anton Wilson. Él también tuvo mucho que ver en llevar el discordianismo de Thornley a las masas en su Trilogía Iluminati. Wilson estaba muy comprometido con ideas libertarias, dando respuesta a lo que él vio como un ultra moralista libertarianismo de los rothbardianos. Como Thornley, Wilson fue un temprano libertario de izquierda. Él mantuvo el egoísmo y mutualismo de Tucker vivo entre la comunidad libertaria subterránea.

Wilson fue también un fan de un particular componente que influyó mucho de la contracultura de los 60s, el LSD. Él fue tan lejos que dijo en una entrevista en los 70s:

“Rothbard es, como Marx y Proud, una brillante mente cerrada: excelente para la estimulación pero cualquiera queda atrapado en el trance del dogmatismo rothbardiano debería tomar LSD  y tratar de ver al mundo a través de otro cuadro.”

Mientras que la historia del LSD y la cultura libertaria es raramente explorada, yo pienso que debería, al mismo tiempo que gente como Wilson que defendía sus efectos liberadores. De acuerdo con un conferencista en la convención del Partido Libertario de Texas en 1981, hubo un libertario que proponía el uso de LSD para niños de primaria. Desafortunadamente, no pude descubrir la identidad de esta persona, pero tales pensamientos no eran raros dentro de la contracultura del libertarismo. Tanto uno concuerde o no con tan radicales sentimientos, ellos eran una parte del zeitgest libertario e inspirados por el doctor Timothy Leary, ellos eran la cara y voz del movimiento del LSD en los 60s y 70s.

El mismo Leary era un libertario, que en los tardíos 70s empezaría su activismo político por el Partido Libertario. Pero más importante que sus convicciones libertarias fueron las acciones que tomo y la filosofía que predico. Leary era un radical anti-autoritario quién se veía así mismo como una especie de guerrero por las mentes de las gentes. LSD, él pensó era la mejor manera de cambiar los túneles de realidad del individuo de uno vicioso a uno en línea con el libertarismo. El LSD era mucho más que una manera de pasar un buen tiempo para los hippies, era una forma de poner claras las perspectivas de la gente. Claro, los hippies enfatizaban la elección voluntaria. No hay una cosa tal como alguien quién es liberado sin consentimiento de sí mismo.

Los más distantes parientes del movimiento libertario eran los yippies. Los yippies constituían mucho de la izquierda radical anti-autoritaria. En larga cuenta, los yippies representaban una distinta ruptura con la Nueva Izquierda con la que Rothbard se había tratado de alinear al mismo tiempo. Los yippies estaban profundamente en oposición a la conformidad y en apoyo a de una total expresión individual. Como muchos voluntaristas modernos, los yippies también eran radicalmente antipolíticos. En 1968 durante la infame Convención Demócrata en Chicago, se juntaron los yippies liderados por Abbie Hoffman, para elegir un cerdo llamado Pegasus para ser el candidato del partido político Yippie. Los yippies tuvieron muchos enfrentamientos con la policía durante unas abiertamente hostiles protestas.

Estos no eran los pacifistas hippies de antaño. Estos eran hippies que se daban cuenta de que la paz y el amor no habían traído a las tropas a casa del descuartizamiento y de ser descuartizados en Vietnam. El mensaje de los yippies era tirar abajo el sistema completo, opuesto al gradualismo de muchos otros en la Nueva Izquierda. Su estrategia era muy abierta y pública. Era importante ser abiertamente confrontacional a los actos de opresión. De hecho, no fue siempre una buena movida publicitaria. Abbie Hoffman era una amada figura de la contracultura y de ningún otro lugar, pero obtenía atención y radicalizaba gente.

Otro famoso grupo, conocido por su humor callejero y celebración de la liberación personal eran los diggers. Los diggers promovían la libertad sexual y un mundo libre de la ética del trabajo, donde la gente podría juntarse para el juego y disfrute mutuo. Ellos animaban a ejecutivos en New York a abandonar su trabajo y unirse al abiertamente hedonista estilo de vida de los diggers.

Los 60s estuvieron lleno de grupos como esos, dedicados a antipolíticas formas de cambio cultural. Ellos no veían la necesidad de apuntar pistolas a la gente en orden de hacer circular la idea de que sus valores eran deseables. Ellos solo necesitaban actuar según sus propios valores en vista pública de la gente. La libertad era suficiente.

La ética general de los hippies era una inmediatista, pero una que fue en muchas formas más cínica que la gente le quiere dar crédito. Muchos libertarios no fueron tu típico fiestero paz y amor, al menos no siempre. Los hippies estuvieron buscando por libertad en el ahora, porque ellos ven ninguna posibilidad para nada más. Ellos estaban muy ocupados haciendo planes para el futuro. Ellos muchas veces no estaban muy preocupados por lo intelectual.

Hunter S. Thompson brinda eco de esos sentimientos en su artículo:

“La mayoría de hippies están demasiado drogados para sentir algún sentido de urgencia más allá del momento. Su eslogan es ‘ahora,’ y eso significa instantáneo. A diferencia de activistas políticos de cualquier tipo, los hippies no tienen una coherente visión del futuro que puede o puede que no exista. Los hippies sufren de una debilitante tipo de fatalismo, que es, de hecho, deplorable. Los críticos de la Nueva Izquierda son heroicos en su actitud, por encararlos. Pero que terrible posibilidad existe de que los críticos estén en lo cierto, que el futuro en sí mismo es deplorable y si es así porque no vivir el ahora. ¿Por qué no rechazar la fábrica entera de la sociedad americana, con todas sus obligaciones, y hacer la paz separada?”

Esto remarca la central diferencia entre la cultura libertaria y la contracultura de su tiempo. Si es mejor luchar por una sociedad libre o vivir mayormente libre ahora mismo. Por suerte otro pensador libertario de izquierda, Samuel Edward Konkin III (aka SEK3), delineo la idea de contra-economía, una estrategia de promover la economía del interés propio de aquellos envueltos en vez de la puritana noción de abandonar tus posiciones terrenales.

La idea de la paz separada, mientras pareciera nihilista para muchos moralistas libertarios queda como una seductora fuerza de acción agorista. La ética hippie de vivir en comunas es una iniciada por libertarios como Thornley quién vio eso no como un deber comunista sino una independiente propiedad ocupada, pero en términos de liberación de un estatista sistema. Los think thanks de colonización del mar de la era moderna trazan sus visionarios ideales devuelta a Thornley y los hippies.

Yo veo una similar división entre los libertarios hoy día. Están jóvenes profesionales de Estudiantes por la libertad y están los libertarios de estilo de vida que se mudan a New Hampshire para desnudos fumar marihuana en parques públicos. Yo pienso es poco controversial decir que los dos son necesarios y van a durar un tiempo, pero yo pienso que el beneficio de una radical contracultura libertaria está subestimada. Más que un movimiento político, los libertarios necesitan un movimiento cultural. Uno que enfatice la diferencia entre los actuales valores sociales y alternativos valores sociales.

Las verdaderas luminarias libertarias de hoy día existen en artistas como Doug Stanhope, quién está en guerra no solo con las normas políticas pero también con las creencias que definen el comportamiento social. Activistas del The Free State Project son abiertos al uso de drogas y muchos de ellos incluso deciden caminar desnudos. Mientras otros se visten y caracterizan a Robin Hood contra una mujer policía de tránsito. Como los yippies, ellos están en lo teatral de expandir su mensaje en vez de un envolvimiento serio. Activistas como Adam Kokesh hacen su carrera de ponerse la luz sobre ellos mismos. Muchos cuestionan los motivos de la gente. Ellos están difamando como gente desesperada por obtener atención. Demonios, podría ser cierto, pero eso lleva ojos a temas libertarios.

Mucho de la ética “vuelta a la tierra” de los hippies ha sido traducida en “metido hasta dentro en internet”, para los activistas libertarios del siglo XXI que comercian con cripto-monedas como bitcoin. Solo que como los hippies de los 60s, el mayor efecto de la contracultura libertaria había sido propagar el uso de psicodélicos. Bitcoin alimenta el mercado negro y la ideología agorista está siendo alimentado por su supuesto fundador Ross Ulbricht.

Agoristas, como los hippies, quieren libertad ahora y en sus propios términos. Ellos no aceptan que la libertad es imposible. Ellos la crean. Muchos ven esto como un detrimento del largo plazo, y la tragedia de muchas formas de contracultura de los 60s es que ellos no tienen repuesta a la queja del detrimento de largo plazo. El agorismo ofrece esa respuesta.

Artículo original de Ryan Calhoun publicado en el Center for a Stateless Society el 20 de diciembre del 2013. 

Traducción del inglés por Camilo Gómez.

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Los mercaderes del Che

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