Karl Hess: Una Carta Abierta para Barry Goldwater

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Este es un artículo de Karl Hess que apareció originalmente en la edición de octubre de 1969 de la revista de la Nueva Izquierda Ramparts, pp. 28-31, que recientemente fue rescatada y publicada en el Fair Use Blog por Charles Johnson,  investigador principal del C4SS. Un punto de interés histórico, en la página 131 de The American as Anarchist de David DeLeon, está el siguiente curioso pasaje sin cita:

“No debemos ignorar el perenne florecimiento de criticismo al poder y las idealistas demandas por una política de realización individual simplemente porque (como comenta Karl Hess) los pétalos parecen ser rojo y negros en vez de formalmente rojo, blanco y azul.”

Pensamos que habiendo rastreado, sino la fuente, al menos la fuente del sentimiento encontrado en el pasaje de DeLeon. Después de leer el siguiente artículo y quedar impresionado por la apasionada solicitud de radicalismo de parte de Hess para su viejo amigo Barry Goldwater, nosotros en C4SS hemos republicado el artículo de Hess aquí. Hess fue un amigo cercano  de Barry Goldwater durante el inicio de los 60s y trabajó como el principal redactor de discursos durante su campaña presidencial de 1964.

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Probablemente esto no es el tema principal o imperante en su agenda. Pero todos sabemos y luego tú pueda que te pongas a pensar acerca del porqué ahora estamos en lados opuestos de la cerca o porqué la cerca está creciendo cada día más hasta parecerse a una barricada. Mi lado es el que en líneas generales es llamado la Nueva Izquierda, posición que tú podrás indudablemente referido miles de veces en miles de discursos pero acerca de lo cual, si el presente es una indicación, tú podrías saber menos y menos usualmente cuando más lo mencionas.

La primera cosa que me atrae de la Nueva Izquierda fue el tono familiar con lo que estaba siendo dicho aquí. Descentralización. El retorno a la gente del real poder político, todo el poder. También había algo muy atractivo en el análisis de la Nueva Izquierda del sistema corporativo americano y su uso de poder político para preservarse y crecer a sí mismo. La manera en que las largas corporaciones estuvieron tan rotundamente opuestas a ti y apoyaron a Johnson, por ejemplo, ciertamente hace parecer inútil preguntar el porqué. ¿Podría haber sido que tú probablemente no hayas seguido el juego tan bien como él?

Estaba, por supuesto,  un aparentemente disonante sonido en la actitud de la Nueva Izquierda hacia las aventuras americanas en el extranjero. Tu habías defendido y yo completamente secundado; la noción que, moralmente, las armas americanas podrían y serían usadas en cualquier lugar para defendernos de cualquier incursión de ELLOS. La pregunta crucial que yo permití, incluso obligado, preguntarme a mí mismo, y qué seguro nunca te debes enfrentar si tú sigues manteniendo tu posición respecto de ELLOS, sería simplemente quiénes son ELLOS. Quién lo iba decir ELLOS han resultado ser muy parecidos a NOSOTROS.

Hay que afrontarlo, estábamos tratando de hacerlo de las dos maneras.  Por un lado, hablábamos de la libertad; por otra parte, armando, aventurando, buscando y apresando. Hablábamos de un mundo que no podía ser mitad oprimido y mitad libre, pero hemos trabajado para un mundo que sería todo americano. Hablábamos de lo malvado del poder federal pero exasperadamente dábamos visto bueno a los mismos males en el nivel local. Hablábamos de admitir a los negros en nuestro granero, pero cuando vino la liberación, hablábamos de ley y orden.

Contradicciones como esta inevitablemente derrumbaban cualquier estructura, incluso una amistad e incluso un mundo, que alguna vez tú veías entonces. Porque tú eres, hasta ahora como mi experiencia me ha permitido juzgar, el más esencialmente honesto y potencialmente radical figura política americana; yo sigo apostando que ellos podrán derribar tu posición y ese día te encontrarás a ti mismo en el otro lado de las barricadas. De hecho, la última vez que nos encontramos tú estabas al borde de esa posición, de todos modos. Tú lo describiste por ti mismo un día durante tu exitosa campaña para la reelección en el Senado en 1968. Nosotros estábamos en tu sala de estar, solo conversando. Cuando las historia sea escrita, tú dijiste: “Te apuesto que la Vieja Derecha y la Nueva Izquierda serán puestas como teniendo mucho en común y que la gente en el medio eran los enemigos.” Eso es cierto. Ellos lo hacen y ellos lo son.

Esa misma semana, según yo recuerdo, tú hablaste en la Universidad de Arizona donde tú dijiste que tenías “mucho en común con la facción anarquista del SDS.” Anarquista! SDS! ¿Recuerdas? Tú dijiste esas palabras y tú no estabas balbuceando. En ese punto es que tú tienes o al menos tenías, mucho en común con la mayoría del SDS. Ahora es probable su turno para inhalar la desconfianza e incluso la burla, y yo sí admito que reste importancia ligeramente sobre detalles como el imperialismo; pero al menos, tú entonces y el SDS ahora, contaban con captar de raíz ciertos problemas políticos radicalmente.

Incluso antes de hacer tu discurso acerca de ciertos intereses comunes con la SDS, el expresidente del SDS Carl Oglesby conocía que había por lo menos históricamente eco de la derecha en posiciones que han pasado a ser vistas como de la Nueva Izquierda. El Senador Taft, por ejemplo, lideró la lucha contra la OTAN, haciendo muchos de los mismos puntos que la SDS hacía en larga escala acerca del imperialismo. Yo sé que tú partiste hace mucho tiempo de una posición en política exterior incluso aproximadamente relacionada con la del Senador Taft, pero tal vez sabiendo que la posición de la Nueva Izquierda no es la flor crecida de la frente del Presidente Mao podría al menos dejarte examinar, o re-examinar, el rol de América como policía del mundo y protector de los mercados.

¿Por qué incluso molestarme en esa sugerencia? La respuesta es probablemente más romántica que razonable. El sentido común me dice que la retórica ha terminado y la revolución ha comenzado. Pero la nostalgia sigue sugiriéndome que tal vez podamos hablar por un minuto e incluso coincidir que eso sería mucho mejor y mucho más decente; para desistir del poder más para no tener que atravesar, una vez más, la agonía de tenerlo para ser arrebatado. Yo sé, que al menos presiento esta vez, como tú contemplabas los cambios cuando tú sentías que eran inevitables y no estaban muy a lo lejos.

Tú causaste virtualmente apoplejía dentro de los conservadores cuando hablaste, como lo hiciste en 1964, de la inevitabilidad de un gobierno mundial, que tú viste desarrollándose a través del crecimiento político de tales disposiciones militares como OTAN. Tú percepción de cambio estaba bien. Tú noción de cómo sería conseguido, si te pones a pensar acerca de ello, que yo debo admitir muy pocos de nosotros lo hicimos durante los agitados días de campaña, fue una contradicción clara en tus otros principios, aquellos observando el retorno del poder político a los individuos. Para un hombre tan desconfiado del gobierno central como tú eras, la idea de aceptar incluso la posibilidad de un enorme, totalitario, todopoderoso gobierno estaba 180 grados fuera. Clarence Streit y otros liberales lo pensaron como una luz de esperanza en tu de otra manera confuso aspecto, por supuesto. Otra vez más tú estabas bastante acertado en tu percepción: los liberales son estúpidos. La única cosa peor que un gran gobierno es un gobierno incluso más grande.

Fue la Nueva Izquierda la que más agudamente delineo la dirección que era consistente con tus principios, descentralización. El movimiento temprano del SDS en la organización comunal fue una manifestación de esto. El presente y, pienso yo, monumentalmente significativo trabajo acerca del gobierno comunal por Milton Kotler, un colega mío en el Institute for Policy Studies, es más enfáticamente libertario en naturaleza que cualquier pronunciamiento, acción, postura o propuesta de todo el Partido Republicano, con los demócratas estando fuera de lugar. En el presente movimiento del SDS afuera en las comunas, campos y fábricas, así como en las escuelas, es  un profundo involucramiento en poner de nuevo el poder dónde tú, más enfáticamente que todos los políticos actuales, siempre dijiste que pertenecía: en las manos de la gente, no la gente en una abstracción sociológica, pero la gente en uno por uno, comunidad por comunidad.

En el largo tiempo la liberación de negros en esta tierra de esclavos perseguidos, tú también percibiste una transferencia de poder tan rápidamente como cualquiera, en ese entonces. Tú hablaste de los negros teniendo real poder político antes de ser libres y te arriesgaste a un baño de lodo político por enfatizar que lejos y más allá de la actual moda estúpida acerca de grandes y mejores cheques de bienestar; grandes y mejores de restricciones federales para gente ya ensangrentada por la blanca legislación liberal.

Hoy día hay negros que están poniendo en práctica lo que tú estabas hablando. Ellos están luchando por real poder político y lo conseguirán incluso si tienen que tomar parte en el combate. Las Panteras Negras son la vanguardia en esta lucha. Diecinueve han muerto hasta ahora. Ellos son la realidad negra del eco del pasado blanco que tú supuestamente respetabas e incluso venerabas, la primera Revolución Americana.

Senador, si tú hubieras nacido negro y pobre, tú serías ahora un miembro de las Panteras Negras o seriamente he juzgado mal la fortaleza de tú carácter y convicciones.

Las Panteras Negras están muriendo por el tipo de libertad del que tú solías hablar. Muriendo, jefe, no hablando. No puedes escuchar la voz de un hermano incluso cuando este es su último suspiro. Extremismo en defensa de la libertad no es ningún vicio y la moderación en búsqueda de la justicia no es virtud, y en el nombre de Jefferson, Adams y los otros abuelos nuestros que dijeron al diablo con los reyes extranjeros y  las guerras, y vinieron a Estados Unidos, donde en todos esos nombres está un más extremo aferro a la libertad y justicia que en esta colonia negra ahora separándose. Aquí hay gente que desesperadamente necesita algunos compañeros extremistas en algún lugar arriba en el confuso Washington para hablar, y ellos todo lo que escuchan es ley y orden; ley y orden, el rechinar de las celdas, el ruido de los garrotes y el chasquido de pequeñas armas de fuego.

No habrá una oportunidad para hablar ahora porque las guerras son siempre demasiado ruidosas. Pero mientras haya una oportunidad, dónde estás tú. Dónde estamos todos, todos los que nos ganábamos la vida hablando de la libertad, luego no pudimos reconocerla cuando empezó a florecer en nuestros pies porque sus pétalos eran negros y rojos, y no rojo, blanco y azul.

Yo supongo que hubiera sido un suicidio político si hablabas con un miembro de las Panteras Negras cuando tú querías recuperar tu lugar en el Senado. Pero tú te enfrentaste a eso una vez antes y ni siquiera pestañaste. ¿Recuerdas?

En 1964, parecía como si hubiera una real posibilidad de tensiones raciales resultantes de tu campaña.  Yo suelo pensarte como daltónico en temas raciales como cualquier hombre en la política americana pero la imagen de la mayoría de tus pueblerinos seguidores lo enturbió todo y el tema racial fue una preocupación en alza. Para hacerlo peor algunos de tus más respetados asesores políticos, reales profesionales, habían hablado largo y tendido acerca de los efectos beneficiosos de los disturbios raciales en tu candidatura como para sonar las alarmas para cualquiera. Ellos afirmaban que un buen enfrentamiento racial te pondría en el cargo. Ellos sabían mucho antes que Spiro Agnew y probablemente tan pronto como George Wallace que millones de americanos blancos estaban tan llenos de miedo del movimiento de liberación negra y que puede requerir un poco de violencia para desestabilizar cualquier gobierno y poner un hombre con una dura reputación,  eso era el tipo de reputación que tú tenías.

Estoy convencido que, de no haber sido por una crucial acción tuya, los esfuerzos para incitar problemas raciales podrían haber sido inevitables. Pero tú tomaste acción, arriesgando toda tu campaña como lo hiciste. Tú llamaste a algunos reporteros claves para ofrecer extraoficialmente una sesión informativa y tú marcaste un solo punto; tú dijiste que de haber cualquier disturbio racial resultante de tu candidatura, tú abandonarías la campaña incluso si sucede un día antes de la elección. Fue una promesa comprometedora y yo sabía que tú lo decías en serio. No solo detuvo algún loco escandaloso entre tus partidarios pero también te puso en la línea de acabar con tu candidatura si hubiera un problema, sin importar la causa.

Verás tú, son cosas como esa, el tipo de coraje y convicción que liberales corporativos y conservadores de country club quienes tanto admirabas no podrían ni siquiera imaginar, lo que me hace extrañarte desde este lado de las barricadas.

Pero este lado, tú probablemente sientas, no es anticomunista y tú has pasado tu vida luchando contra en el comunismo. Bien, yo también. Por eso no fue fácil solo luchar, yo me detuve a pensar acerca de qué demonios era contra lo que estábamos luchando en primer lugar. Yo podría juzgar, por todo lo leído, que los anticomunistas de hoy día están operando casi exclusivamente con información, imágenes y disposiciones formadas en los 30s y 40s.

Recientes los horrores de la Gran Purga, la matanza de Ucrania, el ascenso del estalinismo, fue fácil entonces ser anti-comunista. Era muy fácil, de hecho, eso distorsiono completamente la dirección de la derecha en América. Esa dirección había sido muy individualista, aislacionista, descentralista, incluso anarquista y ciertamente radical comparado con el estatismo corporativo que ha ascendido siempre desde Herbert Hooverrefinando el proceso de racionalización federal de la economía.

El anti-comunismo cambió la dirección de la derecha, que yo siento, de haber quedado tranquila, podría hoy día estar cerca de la Nueva Izquierda en la mayoría de los temas. El anti-comunismo no examinado hace posible esta cooptación: que el rol propio del gobierno podría ser la mejoría del crecimiento industrial y beneficio corporativo como parte de la construcción de una nación fuerte para repeler la amenaza roja; que el entrenamiento ciudadano debía ser intensificado, la educación redirigida, y ciertas libertades abandonadas en orden de, adivínalo, preservar la libertad.

Te apuesto una foto autografiada de Jerry Rubin contra una calcomanía de bandera deReaders Digest que ninguno de tus amigos que son tan obstinadamente anti-comunista hoy día pueda honestamente informarte de las esenciales diferencias entre los comunismos de Corea del Norte, Vietnam, Cuba y Rusia. Entre China y Polonia, entre Rumanía y Hungría y demás. Yo doblo la diferencia de todo la apuesta que ellos no podrían ni siquiera saber por dónde empezar a ver para encontrar que es lo que las Panteras Negras, SDS, y en general la Nueva Izquierda tienen que decir del Comunismo Soviético, del comunismo de la “c” pequeña, acerca de Marcuse, acerca de cualquier cosa.

Senador, el mundo ha cambiado. El Gobierno Provisional Revolucionario en Vietnam del Sur (esa es nuestra gente, no la suya) ha emitido una plataforma política que evidencia mucha preocupación por la libertad individual, libertad de comercio y posesión de propiedad privada cosas con la que los republicanos solían entusiasmarse antes de que ganaran poder político. ¿Lo has leído? Si lo has leído pero no lo has creído, has actualmente comprobado tus dudas.

Yo supongo que el solo hecho de mencionar Vietnam podría causar que dejes de leer esto, si es que comenzaste. Yo sé cómo profundamente te sientes acerca de eso, porque una vez yo me sentía de la misma manera. Yo solo puedo bosquejar que pasará y sugerir que si alguna vez tienes ganas de seguir el mismo camino, quién sabe, es posible todavía encontrarnos mutuamente otra vez.

Nosotros pensamos que Vietnam sería otro caso de comunismo “internacional” tratando de irrumpir en las fronteras del mundo libre. Diem estaba resistiendo a ELLOS, una historia que fue fácil de comprar e imposible de probar. Pero en verdad el Viet Cong era local, y estaba inclinado en buscar la justicia para los survietnamitas quienes fueron despojados de tierra y poder político por los políticos de Diem. A partir de ahí, los errores fueron agravándose.

Tú una vez dijiste que no valía ni una sola vida americana solo para “salvar la cara” en Vietnam. Pero. ¿Cuántas vidas están costando hoy solo hacer eso? Hoy la cara es Richard Nixon. Ayer fue Lyndon Johnson. Al menos tú diste uno o dos golpes a Johnson. ¿Es tu amigo Dick realmente diferente? ¿Has cambiado tu mente respecto a la fatal proporción entre una cara y vidas?

Se me ocurre a mí, Senador, que hay un documento escrito por un compañero llamado Goldwater, un general retirado de la Fuerza Aérea, que da en el clavo. Era un informe de situación que habías preparado para un proyecto de la Fuerza Aérea, según recuerdo. En él se discutía la convergencia entre naciones comunistas y no comunistas, pero tú no veías la convergencia como simplemente un asunto de dos bloques uniéndose. Tú sentías tal vez que el bloque comunista se rompería y las demandas de la gente serían sentidas, instituciones libres se desarrollarían fuertemente ahí, pero al mismo tiempo podrían desmoronarse en el otro bloque. Podría haber un tiempo, tú sentías, cuando Europa del Este estaría moviéndose en una dirección más libre mientras América este hundiéndose en la tiranía.

No está aquí ocurriendo algo familiar hoy en día. No hay de hecho más diferencia de hecho entre los partidos comunistas de Europa del Este que entre, vamos a decir, los demócratas y republicanos en este país. No estamos mostrando una tendencia para estar al lado de los soviéticos contra regímenes comunistas disidentes, China siendo el ejemplo principal. No hay aquí un resurgimiento entre tus propios colegas en el Senado y Congreso del síndrome seguridad-ley que hizo muy poco pero hirió demasiado durante los 50s. No estuvo allí algo mucho más que un letrero publicitario de la descripción de los disturbios policiales de Chicago como de la Primavera de Praga. No es Checoslovaquia como la Vietnam de Rusia, no tan brutal ni sangrienta pero tan igual de políticamente obscena.

Si alguna vez tienes la oportunidad de leer la literatura de la Nueva Izquierda, tú podrías sentir una impresión de reconocimiento, página por página, cuando encuentres muchos de los puntos que tú solías hacer en el análisis de la tregua entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Yo puedo imaginar que la palabra “izquierda” podría desanimarte; pero, en el sentido histórico, tú eras un izquierdista prominente cuando atacabas el poder establecido, como tú solías atacarlo. Tú incluso escribiste varias veces tu posición como siendo clásicamente liberal; clásicamente, eso es, izquierdismo. Es que el socialismo sigue siendo una palabra embrujada para ti. No debería. Tú estás apoyando una administración que práctica una forma de socialismo industrial-militar que desarrolló Bismarck. Es acaso el socialismo del control comunal de los recursos de la comunidad realmente más aterrador que eso.

Lo que me recuerda de Ocean Hil-Brownville, o el Parque del Pueblo. Senador, ellos estaban haciendo solo lo que tú solías hablar. Tú deberías haber estado aquí. Tus viejas ideas estuvieron.

Tú solías hacer a los liberales rabiar cuando hablabas contra la influencia federal en los colegios. Dinero federal, tú solías decir, inevitablemente encamina a pupilos federales, y los liberales palidecían, se levantaban los pantalones, y decían que eras un monstruo sin corazón. Bien, ellos trataron McCoy de la misma manera en Ocean Hill cuando él dijo que sus amigos deberían dirigir sus propios colegios y no tus amigos.

Y tu viejo amigo Ronald Reagan. Ahora aquí hay una lección de libertad para ti. En un lado está el Parque del Pueblo, en el otro lado está el Estado de California con su derecho de dominio público. Yo podría decir que robo la tierra. ¿Cómo, de todos modos, tú describes el derecho de dominio público? En el otro lado hay gente quienes tienen una exótica noción de propiedad. Ellos no pensaban que debería ser ejercida con la punta de una pistola o de una bayoneta. Ellos trabajaron la tierra. Ellos la ocuparon. Ellos la tuvieron en un sentido mucho más profundo que cualquier proclamación del gobierno. Piénsalo de esta manera; un trozo de papel del gobierno en un lado; real gente en el otro, y tu viejo amigo Ronald Reagan; así que ayúdanos, ahora apoyando un trozo de papel contra la gente, con tan aterradora diligencia como cualquier hombre con que alguna vez te enfrentaste en el terreno político. Senador, acaso tú realmente quieres ser el ayudante de sheriff del poder estatal. Es por eso que tú estás al otro lado de la valla en el Parque del Pueblo.

¿Generalmente los estudiantes están en desacuerdo? ¿Por qué tenías tú que descender tan firmemente por el lado de la policía? No recuerdas que ellos son empleados del estado, no de la gente. Como no podíamos haber tenido una voz rebelde, en tus mejores modales, cuando llegó la presión en Berkeley y Columbia. No era ese el tiempo para re-examinar la estructura completa del sistema. Había acaso un hombre más adecuado para hacerlo, después de haber pasado años hablando acerca de los peligros que la estandarización educativa podría llevar a la gente a conformarse en vez alentarlos a pensar. ¿Por qué tú no pudiste, de todos los hombres, mira lo que está en el otro lado de las lunas rotas en el campus?

Nosotros tuvimos una discusión acerca de la escena del campus, y me parecía claro que tú podrías haber estado en una posición muy diferente como un estudiante que tú como senador. No hace mucho tiempo, tú me recordaste, la marihuana era común en ser fumada como una variante del tabaco en el Suroeste. Nadie pensó mucho acerca de eso, tú dijiste. Yo no sabría exactamente qué es lo que pensabas de eso entonces, pero no puedo imaginar nadie más en el Senado con esa clase de buena, determinada devoción a principios políticos inadmisibles, quién podría tomar mejor la dirección en parar esta insensata conducta violenta contra la juventud yendo a lo largo del país en conexión con una droga, que tú admitiste libremente, eran tan común y mucho menos  problemático que el whisky de donde tú venías.

El draft es otro ataque a la gente joven que tú tomaste la dirección, alguna vez. Esa fue tu primera promesa de campaña. Tú no bromeabas acerca de eso. Tú dijiste que como presidente tú podías terminar el draft. Punto. Solo terminarlo. Tú no escondiste tu intención con un después de la emergencia o vamos a estudiarlo luego, como tu amigote Dick. Tú debes recordar que el draft fue tema de nuestra última conversación. En la preparación de tu retorno al Senado, yo trabaje en para una rotunda derogatoria deldraftque, yo sentí, podría apropiadamente ser tú primera acción cuando estés en el Senado y, con suerte, generar descontento en vez de reconocimiento.

Yo no lloro por la política nunca más, pero si lo hice, seguramente podría haber sido cuando tú contestaste que en vista de la legislación anti-draft, pensabas que deberías esperar y ver qué es lo que iba hacer Dick Nixon. Tú sabes lo que Dick Nixon siempre hace. Él vacila por un rato. Luego él titubea. Luego él muy cuidadosamente ordena en todas las direcciones una vez, arribando exactamente a ningún lugar poco tiempo después, pero prometiendo que mañana el comenzará de nuevo.

Pero, desde que regresaste al Senado, como si tú siempre estuviera chequeando con alguien para ver si la costa está vacía. Tú solías contar un chiste acerca de una pequeña anciana que te encontró en el lobby del hotel y pregunto si es tú que no eras el Senador Goldwater. Se hace cada vez menos gracioso con el transcurrir del tiempo. Algo está pasando afuera en el mundo, afuera en las calles. Mucho de ello envuelve cosas que tú decías y pensabas durante toda tu vida, mucho de ello envuelve cosas con las que tú discrepas profundamente pero deberían al menos ser sujeto a un nuevo diálogo. Todo ello envuelve una crisis básica, el tipo de fe perdida en el poder del estado que tú habías urgido, la aguda consciencia del significado de poder político como poder del pueblo contra el poder de las predominantes instituciones. De otro parte (yo quiero decir del otro lado, tú lado), hay estancamiento, resistencia al cambio radical, apoyo al poder establecido, reformismo liberal, reglas y represión por decreto y la más aberrante de todas las nociones orgánicamente colectivistas, que el estado realmente puede y debe clamar fidelidad, sangre y vidas de todos los nacidos en sus fronteras y demarcaciones.

Tal vez ese es el lugar en el que tú querías estar después de todo. Si tan solo leyera de ti a lo largo de los años, a lo largo de los años, yo podría llegar a una conclusión y deja caer el asunto como si fuera de poca importancia real. Pero en vez de eso, yo he trabajado a lo largo de los años. Yo pienso que incluso con un desacuerdo absoluto que ahora tengo contigo respecto al Imperialismo Americano, capitalismo corporativo-estatal, y anti-comunismo, ahí está un punto crucial de mutual interés con la Nueva Izquierda en vista del poder político (que existe propiamente solo en la gente y las comunidades) que tú deberías estar aquí y no allí. Porque este es donde todo está hoy en día, Senador. Aquí o allí. La izquierda de individuos de toda la tierra, recuperando el poder que los políticos y explotadores les quitaron a ellos. La derecha de la reacción, autoridad establecida, intereses particulares, policía, política, y poder.

Hubo un tiempo en el que te solías manejar como un político duro, contemplando molesto porque cada vez tú descubrías que te habías equivocado en una posición tú podrías solo corregirla y decir: “Amigos, yo estuve equivocado. Ahora así es como es.”

Bueno, otra vez, tomo una larga, mirada seria a las contradicciones entre libertad en casa, imperialismo en el extranjero; anti-colonialismo, colonialismo negro en casa; mercado libre en los discursos, complejo industrial-estatal en la realidad; responsabilidad local en las plataformas, supresión local en la estación policial; anti-comunismo para Castro, tregua para Brezhnev; exagerados regaños contra los programas de bienestar, descontrolada codicia para los programas bélicos.

Yo puedo tener que admitir que no es exactamente una línea muy larga haciendo cola en la Nueva Izquierda para escucharte. Pero para mí hay mucho más espacio para ti aquí que en el Partido Republicano que mira a Everett Dirksen como un héroe y a ti como un disidente, respetable ahora porque pareces haber sido confinado a la rutina.

En el caso de que quieras visitarme mi lado en algún momento, siempre habrá un montón de panfletos y cosas alrededor que  tú podrías encontrar interesante. Ideas y, sobre todas las cosas, personas. Buenas personas. Pero si no, eso está bien. Nosotros arribaremos a tu camino de todas formas, tarde o temprano. Nos vemos. ¡Bien hecho!

Karl Hess fue editor de Newskweek. Él fue el autor principal de la programa republicano de 1960, co-autor del programa de 1964, y principal escritor de discursos de Goldwater.

Artículo original de Karl Hess publicado en Ramparts, republicado por James Tuttle en el Center for a Stateless Society el 15 de agosto del 2012.

Traducción del inglés por Camilo Gómez.

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Acerca de Camilo Gómez

My main interests are history, politics, international relations, film and music. Twitter: @camilomgn
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